Seminario de Chilapa

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27 mar. 2011

El camino de la cuaresma por Javier Leoz

1.Las piedras del camino de la cuaresma son las fragilidades de nosotros. Son los obstáculos que nos impiden vivir totalmente en Dios y, por añadidura, los que proporcionan sufrimiento a los demás. El sacramento de la penitencia ayuda a romper con aquellas cargas insoportables que, Dios, perdona y olvida. Lo que no favorece a las piedras de la cuaresma es el egoísmo y la soberbia.

2.La arena del camino de la cuaresma es la oración. En nuestro trayecto hacia la Pascua no vamos solos. Jesús nos escucha y, además, nos habla. Para ser interlocutor de Dios y, para que El sea el nuestro, hace falta que creamos en El, que esperemos en El, que lo sintamos junto a nosotros. El competidor de la arena cuaresmal es el olvido de Dios.

3.La pendiente del camino la cuaresma es la penitencia. Nos ayuda a despojarnos de lo que nos paraliza y nos desestabiliza espiritualmente. Todo atleta, para llegar a la meta, abraza el esfuerzo como remedio para sus ideales. Nuestro deseo de llegar a la cumbre de la Pascua la expresamos visiblemente (no para que nos vean) por la penitencia. El contrincante de esta subida hacia la Pascua es la pereza, la comodidad.

4.El agua del camino de la cuaresma es la Palabra de Dios. Jesús tiene Palabras que son agua viva y que se convierten en alimento que sacia toda sed, en respuesta a todos nuestros interrogantes. El peor enemigo del agua viva de Jesús son otros sucedáneos que, desde el borde del camino, nos ofrece la sociedad del consumo.

5.El silencio del camino de la cuaresma es el encuentro personal con Cristo. Para conocer a un amigo es necesario escucharlo, pasar horas con él, interesarnos por su vida. La cuaresma nos ofrece un singular regalo: el silencio como camino hacia la reflexión y como senda para llegar hasta Jesús. El adversario del silencio es la distracción.

6.El cayado del camino de la cuaresma es la Iglesia. En ella nos apoyamos y nos sentimos hijos de Dios y hermanos en la misma fe. En ella celebramos el Misterio Pascual y, en ella, nos sentimos miembros de un gran cuerpo que es el de Jesucristo. Un gran enemigo del cayado de la cuaresma es el laicismo puro y duro.

7.La ayuda en el camino de la cuaresma es la caridad. Sin caridad, la vida cristiana, queda coja y no adquiere el brillo deseado en un cristiano. El mandamiento del amor es un canto que aprende y repite constantemente el peregrino que se encamina hacia la Pascua. El adversario de la caridad es la avaricia personal.

8.El final del camino de la cuaresma es la Pascua. Por ella nos aventuramos a recorrer y vivir estos 40 días de oración, ayuno y penitencia. Morir y resucitar con Cristo es lo que vemos al final del repecho cuaresmal. Aguardándonos la vida no nos importa ser disciplinados por el camino, desprendidos en el camino y orantes en el camino. Jesús nos aguarda y, si podemos llegar ligeros de equipaje, estaremos más aptos para ayudarle a llevar la cruz. El enemigo de la Pascua es la muerte, el pensar que ella tiene la última palabra

9.Los abismos del camino cuaresmal son las tentaciones. La comodidad, el conformismo y la pereza ante el cambio causan graves problemas de obesidad y de movimiento que nos impiden avanzar con prontitud. Para vencer a la tentación es necesario poner a Dios como único Rey y Señor. El enemigo de la tentación: la fortaleza.

10.El motor del camino cuaresmal es el corazón. Un corazón encerrado en la admiración y cuidado del propio yo es un corazón incapaz de amar. Tenemos que recordar constantemente que el amor es la identidad de los que son discípulosdel Señor Jesús. El amor nos lleva a compartir con los otros la carrera de la vida y es ayuda a los rezagados, que han perdido el aliento o que se han accidentado. El enemigo del corazón es la falta de sentimientos.

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